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©2009 Lorena Fernández

Texto para la muestra La educación sentimental, agosto de 2012.

Correspondencia

Buenos Aires, Agosto de 2012



Amado mío,
Creería que finalmente estoy a salvo del hechizo, sin embargo para que así sea,
y debido a mi flaqueza, es necesario que recuerde muy antiguos asuntos. No es
que dude de tu memoria mi querido, es que lo hago para mi misma, para inscribir
con estas palabras mi círculo de protección.
Te confieso que para evocar tu presencia interrumpí esta epístola, agitada, hasta
encontrar aquella canción. Porque ya sabes lo que una melodía hace en cierta zona
del alma, se la vuelve a escuchar y revive el sentimiento que acaricia y colma una
y otra vez.
Pero vuelvo al motivo de esta carta y para eso he de contarte los argumentos que
alientan esta sensación de frágil seguridad que he adquirido últimamente: el contacto
- pero ¿se puede llamar contacto a esta experiencia fantasmagórica, a estas invenciones
visuales? - con unas fotos es lo que me puso a resguardo.
Dispuestas como una indisoluble unidad en la pared, aparecen suspendidos los cuerpos
en una luz tan bella…aunque, tal vez lo que floten sean fantasmas. Es que vivo rodeada
de ellos y a veces no distingo los cuerpos reales de los traslúcidos. Inmersa en esta
atmósfera volátil pierdo claridad amigo mío y ya no se si lo que veo es espectral o cierto
y hasta qué punto el devenir se ha cancelado, porque ¿de cuándo vinieron? Esos rostros
y figuras cercanos son ahora, sí, pero traen en sí unos emblemas de otro tiempo. La gracia
de su inclinación, unas barbas míticas, manos y gestos delicados. No te engañes, son fuertes
e irresistibles. Fueron elegidos y apostados como íconos. ¡Poses de dioses tan sencillos de adorar!
Ligadas las imágenes entre sí por una antología de objetos cuidadosamente escogidos: plantas,
flores, libros, cortinados -entreabiertos o entrecerrados- y detalles indecibles. Miniaturas de
un relato ya perdido.
Como quien borda con reliquias de amor su ajuar para una boda imposible, la fotógrafa
¿la escritora? hila esta trama fecundada por años de lecturas afiebradas.
Pensarás que son páginas de una novela, y es cierto, pero, ¿podrías separar realidad de ilusión
en esta materia? Intuyo que la mejor autobiografía aparece como ficción.
Para velar por ellas o por mí, un vapor suave y blanco recubre las imágenes. No debes rasgarlo,
el velo es el que te guarda y cuida del encantamiento.
Amado, sé que estás herido, mas debes saber que no te he abandonado, es sólo que dejé
que siguieras vivo y dulce en mi interior, pero tuve que alejarme para que así fuera.
Ahora entiendo que mientras escribo reparo, y escribirte es un consuelo pero sobre todo,
la distancia que puse con todo lo que no puedo poseer.
El idilio ha terminado, el enamoramiento es como una planta prolífica, como el lazo de amor,
tira esquejes aquí y allá, bello y seductor, imparable. Hoy sé que son sólo espejismos.
Querido, ¡Sé tan poco de esto que te hablo! Quisiera ser más perspicaz, pero lo que he
visto encandilada por las lágrimas me ha puesto frente a mi ignorancia.
Gracias a esta visión he sido educada y soy mejor, ya no preciso de la caza y el deseo
y puedo amar más y a más.
Hasta siempre corazón, no me olvides,


Tuya,
Silvia Gurfein